La gran manipulación humana
El título de este trabajo pretende reconocer la importancia de la obra La “Gran Manipulación Cósmica”, escrita por Juan G. Atienza, que en su momento nos motivara a continuar estudiando lo humano como servidumbre.
Miguel Paz Bonells
El prolífico escritor español percibió y plasmó en este interesante libro la posibilidad de que la manipulación sea un fenómeno inseparable de las diferentes manifestaciones de vida en el universo, con la excepción de algunos seres superiores genuinamente autoconscientes.
Después de todo nos quedaría el consuelo de que, con seguridad, este mundo no parece ser sólo el resultado de la actuación humana en sí misma, dentro del juego del libre albedrío, sino también de una o varias intervenciones ya registradas en los mitos y en los llamados libros sagrados de la antigüedad, tanto como en ciertos textos resultantes de algunas contactaciones modernas, vinculadas al fenómeno ovni, lo cual configura la tesis de la denominada Historia Abierta.
Para nosotros el mito podría definirse perfectamente como una respuesta social, elaborada en el ámbito del preconsciente o del inconsciente colectivos, a un reto objetivo que supera la capacidad del grupo para asimilar un fenómeno o cualquier acontecimiento normalizado o racionalizado, cuya explicación superaría los límites de su comprensión. Es posible referir una especie de explicación sustitutiva que, a su vez, garantizaría el registro de dichos acontecimientos en la memoria colectiva.
Existen, de hecho, otras interpretaciones del mito, a la luz de las diferentes disciplinas humanistas (la antropología, la filosofía, la sociología, etc.), pero esta pareciera dar cuenta de una serie de eventos que han impactado de tal manera la conciencia de la humanidad, que aún en la actualidad, a pesar del avance de las ciencias, continúa determinando posturas, actitudes y actuaciones, individual y socialmente hablando, como es el caso de los mitos angélicos. Podríamos resumir afirmando, siempre desde la óptica del presente enfoque, que los mitos podrían representar una respuesta social dirigida a conjurar la amenaza o el reto de ciertos acontecimientos inexplicables que afectan e impactan su normalidad.
Es importante detenerse en este enfoque porque existe la tendencia oficial a definir el mito en términos de fantasía o percepción colectiva alucinatoria, lo cual queremos ver como una manera de distraer la atención de quienes estudian, desavisadamente, sucesos que han resultado determinantes en la historia primitiva de los pueblos, los cuales, una vez investigados y descifrados, bien podrían desbaratar lo que solemos denominar la historia idílica, elaborada por los vencedores/mantenedores del statu quo para perpetuar la servidumbre que los sustenta.
Como esas nubes que el gran Andreas Faber Káiser calificara de engañosas en cuanto se presentan, en casi todas las sagas, mitos y leyendas, con el propósito aparente de encubrir y OCULTAR, favoreciendo el oscurantismo y la manipulación, a la par que velando las verdaderas causas de algunos acontecimientos claves de la historia, la palabra creencia aparece, también de una manera recurrente, como el calificativo preferido de ciertos investigadores modernos de lo insólito, lo cual no pareciera ser una casualidad, sobre todo teniendo en cuenta que toda manipulación es posible si el manipulado es enga?able, y que el término creenciarefiere, por definición, una actitud ingenua, acrítica y desprovista de herramientas de análisis.
Podemos citar algunos ejemplos de manipulación bien intencionada e infinitos ejemplos de manipulación interesada y hasta perversa. La sana manipulación del niño por su padre, a fin de protegerlo, puede ser admitida sin reparos, para citar un caso neutral, pero la manipulación religiosa para esclavizar al ser humano mediante el temor, por ejemplo, es reprochable, lo cual no impide, por cierto, que millones de seres se debatan en medio de terribles dogmatismos y fanatismos, los cuales, en más de una oportunidad, han engendrado muerte y destrucción, ya sea como choques culturales, guerras santas o en ese espacio, mucho más sutil, de los sentimientos y de la autoestima.
El terrorismo, de hecho o como amenaza, representa también, sin lugar a dudas, una forma malévola de manipulación, especialmente cuando a través de él se persiguen objetivos políticos o económicos, pero es necesario subrayar que las modalidades “legales” o de estado bajo las cuales puede ocultarse igualmente el mismo terror, como en el caso de las guerras preventivas, nos muestra la otra cara de esta moneda perversa que es necesario erradicar de nuestra mal llamada civilización.
Toda esa manipulación se expresa dramáticamente en los medios masivos de difusión que hoy dominan el ámbito social, principalmente la penetrante televisión que, como ya lo han señalado algunos incisivos estudiosos de la comunicación social, bien pueden destruir una nación, como ya ha sucedido en ciertos países latinoamericanos como Venezuela, donde la TV amenaza con enloquecer a las masas desprevenidas si las mismas no responden ni actúan como quieren los dueños de los medios para favorecer, a veces descaradamente, los intereses que defienden… es muy importante considerar aquí, por supuesto, la ideología y el conductismo aplicado a la propaganda.
Hoy como ayer, cuando los europeos, para hablar de imperios cercanos, desembarcaban en las costas de África o América con la finalidad de saquear y esclavizar, el problema del hombre sigue siendo el mismo: el de su libertad y su dignidad.
Finalmente podríamos proponer el despertar de la conciencia y el estado de alerta como una de las mejores defensas contra toda forma de manipulación… sólo una sociedad genuinamente libre, amorosa y autoconsciente permanecería inmune a esta gran amenaza que, hoy por hoy, gracias a la tecnología, podría dislocar la civilización humana.
