Entre las exigencias del FMI destacaba un aumento anual en el mercado nacional, durante 3 años, de los precios de productos derivados del petróleo, con un primer aumento promedio del 100 por ciento en el precio de la gasolina.
El 16 de febrero de 1989 el nuevo presidente de la República presenta ante el país un programa de ajustes macroeconómicos, llamado popularmente paquete económico , el cual comprendía decisiones sobre política cambiaria, deuda externa, comercio exterior, sistema financiero, política fiscal, servicios públicos y política social, que significaron para la población venezolano un drástico golpe de timón impuesto por el FMI.
El FMI aprobó un préstamo por aproximadamente 4 mil 500 millones de dólares en los siguientes tres años y 21 mil millones de dólares en los próximos 7 años, multiplicando la deuda externa por un número indefinido de veces.
Venezuela sufría un desequilibrio en la balanza de sus pagos de la deuda externa, que representaba un déficit acumulado de 7 mil 376 millones de dólares entre 1986 y 1988, y el total agotamiento de sus reservas internacionales. La liberalización de los precios de todos los productos, a excepción de 18 renglones de la cesta básica, trajo como consecuencia el desabastecimiento de los principales productos de canasta alimentaría. Además, del incremento gradual de las tarifas de servicios públicos como teléfono, agua, electricidad y gas doméstico.
Entre las exigencias del FMI destacaba un aumento anual en el mercado nacional, durante 3 años, de los precios de productos derivados del petróleo, con un primer aumento promedio del 100 por ciento en el precio de la gasolina.
El ministerio de Energía y Minas anuncia el alza de los precios de la gasolina para el 26 de febrero (Bs. 2,75 la alta y a Bs. 2,55 la baja) y autoriza un incremento del 30% en el pasaje del transporte público. Es la gota que rebosa el vaso. Se desata la ira popular. La reacción comienza en Guarenas, como protesta por el aumento en los precios del transporte colectivo. Durante varias horas en la mañana del 27 de febrero de 1989 la gente se ve bajando de los cerros de Caracas; la televisión comienza a transmitir las primeras escenas de saqueos que se llevan a cabo de manera extrañamente pacífica, inicialmente con la benevolencia policial. Motines y saqueos de pronto adquieren particular violencia. El 28, los cuerpos de seguridad comprueban su ineficacia. El Ejecutivo suspende las garantías y decreta el toque de queda, hecho inédito para la población joven. La gente demuestra que el “reajuste económico” no puede hacerse sin atender los problemas sociales. Hay un número impresionante de muertos, enormes pérdidas materiales y queda en la mente de todo el mundo un sentimiento de temor y de miedo que el tiempo no borra. El programa de reajustes se mantiene inalterable: el 7 de marzo se decreta la liberación de precios.
Pero ese día fue solo el detonante de una situación contenida. A partir de 1970, los índices de pobreza en el país habían crecido de manera alarmante. La fuerza laboral campesina se redujo al 10% y en sólo tres años, 600 mil personas emigraron a las ciudades. Los trabajadores informales aumentaron de 34,5% en 1980 a 53% en 1999. La clase obrera industrial disminuyó ante la privatización parcial o total de sectores como las telecomunicaciones, los puertos, el petróleo, el acero y las líneas aéreas y se redujo el tamaño de la fuerza laboral en sitios estratégicos. El gigantesco endeudamiento con la banca internacional nos convertía en una sociedad de esclavos.
"Al otro día, el periódico publicó gran cantidad de sucesos acaecidos en el marco de lo que se dieron a llamar como “El Caracazo”. Una de las imágenes que más impacto causó en la gente fue la de ese hombre que encontraron enloquecido, caminando sin rumbo en medio de los muertos. Según la espantosa noticia, su mujer embarazada comenzó trabajo de parto a media tarde, cuando la cosa estaba más prendida: toque de queda general, soldados en todas partes, colapso hospitalario. Al parecer, la mujer no tuvo mas remedio que salir a las calles a buscar ayuda de hospital en hospital, donde no alcanzaban los médicos para los que se estaban despidiendo, mucho menos para los que estaban por nacer. Nadie supo nada más de ella, así que nuestro personaje salió a buscarla con un pañuelo blanco en la mano, señal de que no iba a saquear ni a agredir, para que la guardia no le disparara. Buscó en todos los hospitales, en todas las morgues, en todos los sitios frecuentados por ella. Al final sólo le quedaba concurrir a aquella fosa común todavía abierta donde estaban llevando los miles cadáveres que amanecieron cubriendo la ciudad. Su esperanza de no encontrarla allí fue en vano. La primera y única visión que su locura podría recordar era la de su esposa abrazando al pequeño, muertos y recubiertos de lodo y sangre de otras gentes. "
Los meses posteriores al Caracazo, el desastre general no se aguantaba. Las calles permanecieron durante días impregnadas con ese olor a sangre reciente, y los registros públicos colapsaron ante la cantidad de muertos que había que registrar.
Hoy se cumplen 19 años de ese trágico día que enlutó a muchas familias venezolanas. Allí, en ese momento, comenzó el despertar de los hombres y mujeres que hoy cierran filas en la construcción de la República Bolivariana de Venezuela.
Prohibido Olvidar
Saludos,