Objetivamente posible

Viene repitiendo el presidente Chávez un aserto que a las primeras luce optimista, pero que una vez leídas las letras pequeñas se torna encriptado: "Es objetivamente posible que ganemos todas las gobernaciones".

Douglas Bolívar

Se supone que tal expresión debería provocar una ola de veinte vueltas entre las gradas.

Pero a mí la frase se me impone como el título de una investigación para optar a una licenciatura, que por hipótesis a despejar se plantearía: ¿Qué implicaciones arrastra la afirmación según la cual hay chance de un barbarazo el 23 de noviembre?

A) Lo obvio, lo matemático: que incluso se va a recuperar Nueva Esparta y se colonizará Zulia.

B) Que no es verdad que las posibilidades de algunas candidaturas están en piquito e zamuro, como se empeñan en asegurar los objetivos dueños de encuestadoras que se pasean en Globovisión.

C) Que las candidaturas socialistas que todavía no cogen vuelos, ya lo harán.

D) Que está clarito que la curva ascendente del portaaviones presidencial meterá la chola en los días finales hasta alcanzar el punto más septentrional de aceptación de las candidaturas socialistas todavía marchitas.

A la primera hipótesis yo la confrontaría con una variable ociosa (kamikaze), pero útil a los fines del despeje: ¿Por qué el presidente Chávez ensimisma su legendaria e indiscreta locuacidad y prefiere ponerse más abstracto que Shakespeare a la hora de dilematizar y atormentar a la humanidad con aquella cuestión de ser o no ser?

Trataría de ubicar el origen de la estrategia mediante la fórmula simple: ¿Por qué oscurecer el mensaje cuando más diáfano se necesita? O más directo: ¿Por qué coño nos vamos a ahorrar el chance de provocar un necesitado estallido de júbilo entre las masas al decirle que estamos ganando el juego y que hasta nueve arepas le podemos meter a los antibolivarianos? Esta interrogante sería imprescindible para obtener pistas sobre la razón del por qué la concurrencia no hace los oles previsibles cuando se afirma que es objetivamente posible barrer la bases. ¿Será porque no hay suficientes hombres en base?

Pese a la confusión generada por la afirmación "es objetivamente posible que ganemos todas las gobernaciones", es correcto el dilema subyacente planteado.

Porque, para seguir en jerga deportiva, a la Revolución Bolivariana no le sirve ganar esta pelea por puntos. Requiere de la misma circunstancia de los campeones venezolanos que incursionaban en Japón: ganar por nocaut fulminante.

Así que se gana todo, o nos estancamos (ya se ha dicho muchas veces lo que significa que una revolución se estanque).

Llegados aquí, quizás valdría la pena meter de contrabando y cuestionar una conocida hipótesis: ¿En serio habla Dios por las matemáticas?

Apliquemos la fórmula y veamos. ¿Se acepta la oposición al proceso chavista se aproxima al 40 por ciento?

Esta interrogante se fundamenta matemáticamente en la elección presidencial de diciembre de 2006. Chávez ganó con el 63 por ciento de los votos y, por diferencia, obtuvo el rechazo del 37 por ciento.

Si en esta misma proporción tuviéramos que repartir las 22 gobernaciones en disputa, obtendríamos que la oposición ganaría ocho gobernaciones en noviembre (equivalente a su 37 por ciento), y el chavismo 14 (equivalente el 63 por ciento).

Tale cifras no son proyectables automáticamente al escenario actual, me objeta un amigo, y en tal caso, agrega el pana, esa misma proyección habría que fraccionarla a cada realidad específica, y así obtendríamos que cada espacio sería ganado por el chavismo 60 a 40 por ciento. Correcto, pero también es verdad que en diciembre de 2007 la oposición ganó en una cantidad de estados igual a aquel 37 por ciento de diciembre 2006 (Zulia, Táchira, Carabobo, Miranda, Anzoátegui, Lara, Mérida y Nueva Esparta).

Al margen de las especulaciones numéricas basadas en contiendas electorales pasadas, no hace falta ser gurú para saber que a los titiriteros de la oposición a Chávez no les importa obtener las ocho gobernaciones para entrampar al proceso de transformación. Con cinco les basta.

Porque de obtenerlas, trabajarían en la estrategia de establecer un contraste de gestión urgente con los actuales dirigentes regionales del chavismo, prácticamente todos cuestionados en sus lamentables desempeños gerenciales.

Con cinco o seis gobernaciones, la oposición no solamente logra una oxigenación económica (20 por ciento del presupuesto nacional se asigna a las gobernaciones por situado constitucional) que le permita crear anillos de fidelidad en capas sociales que actualmente tienen puesto votos de confianza en la Revolución Bolivariana, sino que se repotencia en su capacidad de influenciar a las bases chavistas. Por ejemplo, si gobernador opositor se articula perfectamente en una estrategia en post del objetivo final cual es hacer doblar las rodillas a Chávez, no hará otra cosa que apoderarse de los Consejos Comunales mediante el flujo de capitales.

Es decir, con cinco o seis gobernaciones la oposición inviabilizaría cualquier plan que intente convertir a Chávez en candidato a las elecciones presidenciales de 2012, sobre todo si se toma en cuenta que en 2010 la Asamblea Nacional será renovada. Si obtiene tantas curules como la proyección lo indique (un aproximado a 70 diputaciones), ello sería suficiente para que empantanen cualquier iniciativa legislativa que se intente en función de habilitar a Chávez para el 2012.

Lo que quiero decir es que, habiendo dejado impunemente que la fauna mediática lograra instaurar una opinión pública que tiene contra las cuerdas a la gestión revolucionaria, quienes mueven las fichas del tablero de la oposición se conforman con un objetivo esencial: impedir que la Revolución Bolivariana vaya a las presidenciales de 2012 con Hugo Chávez. Esa sería la única y escasa posibilidad que tendrían de derrotarlo: forzar un escenario para que el líder se equivoque escogiendo al candidato del Partido Socialista Unido de Venezuela.

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Subcomandantebolivar.blogspot.com

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